jueves, 6 de agosto de 2015

Capítulo uno

-¿Qué crees que te dirá tu padre cuando vea todo el dinero que te has gastado, Isabella?- Julie, que aun no se había acostumbrado a entrar en tiendas de alta costura, seguía a su amiga por toda la tienda.

- Él mismo me ha dicho que tengo todo el presupuesto que quiera para comprar un vestido para esta noche, y créeme, pienso dejarle la tarjeta temblando.

Tras probar tres vestidos preciosos, Isabella encontró el perfecto para la ocasión, y no podía ser otro si no que un vestido negro, largo y muy elegante. 


-¿Y tú que te vas a poner esta noche?

-Ya sabes que yo no me gustan los vestidos, pero por esta noche haré un esfuerzo, no quiero que todo el mundo se de cuenta que soy la única sin dinero allí, pero de tacones nada, ya te aviso con antelación.
-¿Y qué vas a llevar, los converse con un vestido de noche? De eso nada, ahora mismo te compro un conjunto bonito.
-No lo pienso consentir, sabes que odio que me regalen cosas, y menos si el que paga es tu padre, no quiero que piense que me aprovecho de su dinero.
-Sabes de sobra que a mi padre le da igual, y que no piensa eso. En serio Julie, déjame comprarte algo, solo por esta vez, tómalo como mi regalo de Navidad.


Tras casi una media hora intentando convencer a Julie, Isabella lo consiguió, así que entraron en una de las tiendas favoritas de Isabella, Chanel, y le compró el vestido más 
bonito de la tienda, rojo pasión con un corte midi y unos zapatos negros.


-Con el dinero que te has gastado hoy para las dos podría reconstruir mi casa entera, ¿lo sabes no?- Julie sujetaba todas las bolsas mientras Isabella llamaba por teléfono 
al chófer de su padre para que las recogiese en la salida del centro comercial.

-Soy consciente de ello, pero un día es un día.
-Voy a parecer la más ricachona de la fiesta aunque no tenga donde caerme muerta. Que se preparen los ejecutivos esos de tu padre, que llega Julie Laurent, chica de 19, dulce por fuera, salvaje por dentro.
-No seas imbécil tía, la mayoría de los invitados son viejos de 50 o más con sus mujeres.
-Perdone señorita Carter, no recordaba que usted ya tiene suficiente dinero como para no tener que depender de nadie el resto de su vida.
-Qué tonta eres a veces.

Después de casi tres cuartos de hora paradas en el centro de la ciudad en un atasco, la limusina llegó a la calle de Julie.


-A las ocho y media estaremos aquí, espero que estés preparada para esa hora. ¡Adiós Julie!- se despidió Isabella de su amiga, mientras 
esta entraba en su portal.
-No lo dudes, estaré lista para ti- le guiñó un ojo a su amiga- ¡Disfruta vistiéndote tus mejores galas![...]


-¡Isabella cariño, vamos a llegar tarde, date prisa!
-¡Ya casi estoy mamá, solo un minuto!

Mentira, aún me faltaba terminar de maquillarme y calzarme, pero por mi culpa ya llegábamos un poco tarde a recoger a Julie. Así que me apuré en terminar con el maquillaje para bajar cuanto antes al salón. Una vez puestos los zapatos, recogí la parte baja del vestido para no caer por las escaleras y bajé al salón, donde me esperaban mis padres.

-Estás increíble Isabella, toda una princesa, aunque prefiero no saber cuánto te has gastado en ese vestido.
-Un día es un día papá, tu mismo me lo has dicho.

Pronto apareció Christopher, el chófer de papá, y nos subimos a la limusina. A los pocos minutos llegamos a la calle de Julie, donde ella ya nos esperaba a la puerta de su portal, de brazos cruzados por el frío que hacía. Christopher le abrió la puerta y pronto ya estaba sentada a mi lado.

-No quiero un solo comentario sobre mis pintas-Julie se ponía el cinturón  y se cruzaba de brazos.
-Estás preciosa tonta, un poco desentrenada a andar en tacones pero eso es lo menos importante, mientras no te caigas delante de todos los invitados se puede disimular.
-¿Un poco desentrenada? Hasta un pulpo con tacones caminaría mejor que yo.


Tras atravesar casi toda la autopista de la zona, llegamos al 'Hotel Crown', el hotel que había sido elegido para la ocasión por mi padre. Un chico más o menos de nuestra edad nos ayudó a quitarnos los abrigos y dejarlos en el guardarropa, mientras otro nos invitaba a una copa de champán y un aperitivo de caviar.

Mi padre nos presentó a todos los invitados; compañeros de trabajo con sus mujeres, y algún que otro empleado también con su respectiva mujer. Pronto nos sentamos en nuestra mesa, y empezaron a llegar platos de comida.

Como entrantes nos sirvieron bogavante, gambas y más mariscos. De primer plato, Vichyssoise  y vieiras rellenas con sopa de pescado, de segundo cazuela de cordero o rape al horno y como postres, mousse de turrón  y crema fría de whisky.

Eran las once y media, faltaba media hora para las uvas, y Julie y yo salimos al balcón para tomar un poco el aire.

-Creo que nunca en mi vida había visto tanto marisco fresco junto- Julie comentaba mientras sacaba de su clutch la caja de tabaco.
-Y tú no podías pasar una noche sin fumar, ¿verdad?
-Sabes que no, es un vicio.
-Un vicio de mierda que encima te cuesta dinero.
-Bueno, te prometo que solo será este- cogió el mechero y encendió el cigarro, tosiendo al darle la primera calada- ¿Qué tal si después de las uvas nos vamos de fiesta?
-Ya lo había pensado querida, no voy a pasarme la Nochevieja rodeada de viejos. Necesito ver chicos guapos en traje. 
-¡Bendita Nochevieja, y benditos trajes!-dijimos las dos a la vez.


Faltaban dos minutos para las doce, cuando las luces de la sala del hotel se apagaron y todos cogimos nuestra copa con las doce uvas.

-Tres... dos....uno... ¡Feliz año!

Corchos de botellas de champán empezaron a saltar por los aires, y la gente gritaba y se felicitaban unos a otros.

-Feliz año papá, feliz año mamá, feliz año Julie- todos nos abrazamos, y pronto mi padre se dio cuenta que nos queríamos ir.
-No os entretenemos más, ahora mismo llamo a Christopher y que os lleve al centro, pasarlo genial y no bebáis mucho- esto lo dijo mirando para Julie, ya que sabía que yo nunca bebía- No tengas prisa por llegar a casa hija, disfruta de la noche.


Las calles estaban llenas de gente de todas las edades, algunos chicos y chicas que por las voces que daban y sus formas de andar ya iban algo borrachos. La limusina paró dos calles más allá de la discoteca a la que siempre solemos ir.

-¿Preparada para la fiesta, baby?- Julie se quitó el abrigo y me guiñó un ojo.
-Preparada para romper la discoteca.










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